cantoras contra el miedo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el 2030 los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo. El miedo, la ansiedad y las fobias, producto de la pandemia COVID 19 son incuestionables y en parte responsables de tal estimación.

Independientemente de la revisión de las políticas sanitarias para mitigar el impacto infectológico es imprescindible que contemos en algún momento, con un profundo análisis de los aciertos y desaciertos en el modo en que se gestionó la prevención del daño psicológico de la población. A solo unos escasos pasos de distancia del acmé de la pandemia podemos intuir, por ejemplo, que el recuento caso a caso de defunciones en tiempo real, a modo de tantos de partido de la NBA, durante todo el día y en todos los medios de comunicación, no generó más beneficios que complicaciones psico emocionales.

Profesionalizar la praxis de las medidas gubernamentales basadas en las mejores evidencias disponibles aguarda su concreción para poder optimizar el manejo de futuras adversidades por las cuales seguramente deberá transitar la sociedad.

No todo nació con la pandemia


Debemos ser justos en reconocer que el miedo no nació con la pandemia. Es inherente al ser humano y uno de los mecanismos básicos de adaptación al ambiente.
Sin el, no hubiese sido posible la supervivencia. La percepción de una amenaza, genera un estado de hipervigilancia y una cascada de respuestas fisiológicas adaptativas congruentes con tal percepción (autonómicas, cardiovasculares, inmunes, musculares, conductuales, etc). Esto es normal, pero cuando esta respuesta se sostiene en el tiempo predispone a la aparición de estados de ansiedad, fobias, pánico y enfermedades orgánicas, como las cardiovasculares, entre otras.

Interesantemente, los motivos para sentirse en peligro o amenazado pueden ser múltiples (sociales y culturales), reales o imaginarios, pero la respuesta será la misma (siempre coherente con la interpretación, aunque podría no serlo con la realidad)

Mitigadores del miedo patológico

Así como los factores biológicos, sociales y culturales están involucrados en la gestación y perpetuación de estados de miedo y ansiedad patológicos, (siendo solo uno de ello la mencionada pandemia, entre muchos otros, como la inseguridad, inestabilidad laboral y social, etc) lo están también, obviamente, en la constitución personal de respuestas a las amenazas de un modo correcto y aún, optimizados, como la condición conocida como resiliencia.

Existen varios «mitigadores» del miedo patológico. La formación, de una personalidad segura en los primeros años de vida, es quizás, la más contundente de todas. Numerosas son las evidencias existentes sobre el impacto que tiene el cuidado, afecto, y dedicación otorgado al niño, sobre la susceptibilidad a los miedos y afines patológicos futuros. Como es de esperar, el rol de la madre para tal fin, es trascendente.

El doctor Daniel Flichtentrei se refiere a ello de un modo magistral en el capítulo Clínica del miedo (el mundo como peligro) del libro “Cerebro Clínico”, tras preguntarse ¿pará que sirve el canto de cuna?

Canciones de cuna

Las canciones de cuna cumplen una extraordinaria función evolutiva. Deben convencer al bebé de que el mundo es un lugar seguro y que, mientras su sistema nervioso y endócrino se prepara para afrontarlo (período hiporresponsivo), mamá estará presente para protegerle de las amenazas.

Sin estos recursos, el niño podría desencadenar su programa genético de peligro y morir por las consecuencias que no podría afrontar. La madre, es una glándula suprarrenal externa, que amortigua el brutal embate de un mundo desconocido. El cortisol fetal baja dramáticamente al momento del nacimiento para permitir la maduración (mielinización) de la corteza prefrontal dejando desprotegido e indefenso al bebé durante ese período.

La célebre pieza musical «Summertime» es un perfecto ejemplo del esfuerzo de una madre que, sin saberlo, cumple una función evolutiva fundamental para que su hijo sobreviva al estrés del mundo. Es bellísima en sí misma, pero al sumar su sentido biológico, se convierte en esa maravilla de los hermanos Gershwin que todos conocemos.
La canción habla sobre una mamá esclava en el sur profundo algodonero y esclavista de los Estados Unidos e intenta dormir a su bebé en medio de la hostilidad de la miseria y de la noche.
Las canciones de cuna han salvado millones de vidas, son la neonatología prehistórica. Una llave maestra que nos permite sobrevivir a la incertidumbre de la vida y a la certeza de la muerte.

FELIZ DIA a las inclaudicables CANTORAS DE CUNA

Puede que nunca se concreten los debidos análisis y mejoras en el manejo de las crisis sanitarias para reducir el impacto sobre el miedo y el desarrollo de alteraciones psicoemocionales consecuentes.
Pero, mientras haya madres que no cesen en fortalecer a sus niños con sus cantos de cuna, guardo la sana esperanza de que finalmente, lograremos sortear cuantas adversidades depare el futuro para la sociedad.

Por esto y mucho más, feliz día de la madre! Y fortaleza para vencer el sueño en pos de muchas más CANCIONES DE CUNA

Dr. Gustavo Ontiveros
Presidente de FUPREMUS